La preparación manual del disco siempre implica un juego con margen de error humano: si se revuelve demasiado rápido, la fuerza centrífuga dispersa el terreno hacia los bordes; si se revuelve demasiado poco, quedan zonas ocultas. El sistema Autospin automatiza por completo la preparación del disco, convirtiendo un ritual muy variable en una garantía mecánica de densidad ideal.